10420143_927691063925047_8822144990431599899_n-e1440803172827

¿Cómo sería si tan sólo actuáramos con sencillez de niños y alegría de cristianos? ¿Si nos dejáramos envolver por la plenitud del Espíritu y la confianza en Dios sabiendo que en Él habita el amor más profundo y verdadero? Quizás aprendiendo a decir que sí nos transformaríamos en pequeños instrumentos para concretar grandes obras.

Hubo dos personas que supieron escuchar la voluntad de Dios y lograron demostrar su amor a María iniciando este peregrinar. Ellos fueron dos jóvenes de la juventud masculina de Schoenstatt de Hasenkamp, Amelio Rodríguez y Jorge Quiroz.

En 1983, se estaban preparando para sellar su Alianza de Amor con la Mater, y decidieron visitarla en el Santuario de La Loma en Paraná, pero de una manera diferente. Renunciaron a las comodidades y transformaron su deseo en una odisea poco común. Se propusieron unir los 90 kilómetros que separan Hasenkamp de Paraná, a pie.

El agua fue el signo que marcó esta peregrinación desde el primer día. Una fuerte tormenta hizo abandonar la marcha, pero al fin de semana siguiente, Jorge y Amelio se pusieron en camino nuevamente para encontrarse, por primera vez como peregrinos, con “la patrona” (como ellos le llamaban a la Mater), en su casa de La Loma. 

“Algún día, la gente va a salir de los campos para unirse a esta peregrinación”.

Mitad en broma, mitad en serio. Uno de los dos jóvenes se animó a expresar un pensamiento que tenía olor a utopía. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que aquello se haga realidad. Y no sólo se unió la gente de los campos, sino que poco a poco, la de los pueblos de la diócesis y los de un poco más allá. Es por eso lleva el nombre de

Peregrinación de los Pueblos.

Durante los primeros años, no se contaba con una fecha fija para su realización. Por una sugerencia de Monseñor Karlic, y a los efectos de poder incorporarla al calendario diocesano, se decidió dejar como fecha fija el viernes y sábado previos al tercer domingo de octubre.

Cada año, en vísperas del Día de la Madre, la Mater convoca a miles y miles de peregrinos en la Ermita de Hasenkamp, para tomarlos de la mano y caminar con ellos, durante 26 horas hasta una nueva Puesta de Sol. La pequeñez de los instrumentos, la magnitud de las dificultades y la grandeza de los frutos sobrenaturales confirman anualmente el amor de María que se manifiesta de una forma especial en este acontecimiento.

Con el correr del tiempo, surgió la necesidad de contar con un asesor diocesano, a fin de que sirviera de nexo entre las autoridades eclesiales y fieles en general. Así, y a pedido de la Comisión Organizadora, se nombró al Padre Jorge Godoy, un hijo del pueblo de Hasenkamp, quien vivió desde seminarista la Peregrinación “desde adentro” como primer asesor diocesano en el año 2000.

En cada paso dado, se vivencia la Iglesia en su totalidad: fieles de las parroquias, seminaristas, sacerdotes y religiosos, hermanas, gente de movimientos eclesiales ofrecen lo mejor de sí para que esta peregrinación sea una experiencia viva de la Iglesia que camina, que es familia nueva reflejada en los mil rostros que se ven en el camino unidos todos por un mismo espíritu, una misma fe y un mismo destino.

Como una gran red de ayuda que también peregrina, encontramos a los bomberos, la policía, los enfermeros y médicos, los aguateros, la gente de estacionamiento, los cursillistas que preparan el desayuno, los voluntarios que preparan las antorchas, la gente que organiza cada descanso, los que salen al encuentro para ofrecer un poco de agua, la gente que prepara la llegada a La Loma, todos los que colaboran materialmente y espiritualmente acompañando con la oración a lo largo de todo el recorrido.